Planet OFSET

To content | To menu | To search

Tag - discusión

Entries feed - Comments feed

Wednesday, July 14 2010

Una propuesta para la normativa sobre libros de texto en Andalucía

Llegan adelantos sobre los desarrollos de las Instrucciones de 7 de junio. En la misma línea y con la misma incapacidad de comunicación que las noticias que se refieren a la pérdida de las horas de dedicación a planes y programas. Da la impresión de que alguien corre con las piernas por delante de la cabeza, en una dirección que en el fondo no quiere nadie. Me temo que esta será una entrada inútil más, o que se recuperará dentro de tres o cinco años, para mirar el tiempo perdido. Bueno, hay que beber del vino que nos dé el año y pelear nuestras peleas, ridículas, innecesarias, si las contemplamos con un poco de perspectiva. Estar y no estar, no quedar reducidos a esa pelea tan pobre. Mirar hacia el futuro.

La respuesta de José Luis Castillo al artículo anterior, la entrada de Aníbal de la Torre, las nuevas derivaciones del post de Jordi Adell, me confirman en una certeza: no voy a repetir lo que ellos han escrito, bien y claro. Sabemos en qué campo estamos. Afortunadamente nunca me lo planteé. El único objetivo de esta entrada en crear las bases para una reflexión que permita que una administración conceptualmente obsoleta pueda actualizar su normativa sobre materiales curriculares a las necesidades de los tiempos. Poca cosa, ¿no? Pero menos que arreglar la educación y cambiar el modelo de negocio de las editoriales en trescientas palabras, digo yo. Esta entrada se queda en el estrecho campo de la normativa.

Parto de las definiciones del artículo precedente. Un par de comentarios previos, como siempre. La gratuidad de libros de texto (ya sabemos que el nombre es en sí una trampa) es sólo en apariencia una iniciativa progresista: se justifica porque proporciona al alumnado con menos recursos los materiales curriculares que necesitan, pero con el dinero de todos, siempre escaso, pagamos también los de aquellas familias cuyos ingresos son cinco o diez veces superiores. Dicho esto, entiendo que políticamente no tiene vuelta atrás; con ella contaremos.

Y hablando de igualdad de oportunidades, voy a defender la libertad de elección de materiales curriculares, sea cual sea el origen (comercial o creados o remezclados por el profesorado). En la web circula demasiada película de buenos y malos, simplificaciones que no caben en un análisis objetivo; es evidente que las editoriales van a crear las propuestas que entienden que buena parte del profesorado desea, y que no tendrían problemas para generar recursos desagregados o mucho más válidos pedagógicamente. El famoso pdf con ruiditos al pasar la página es el máximo cambio que algunos compañeros están dispuestos a aceptar, y no les corresponde a las editoriales enfrentarse al conservadurismo docente. Sí a la administración. Lo que no parece razonable es (Instrucción duodécima) asignar 233€ si se compra un libro de texto y 22€ si el material es de elaboración propia. Psicológicamente es evidente que, además del plus de trabajo y labores burocráticas, para el profesorado que debe hacer la elección la sensación de estar perdiendo 211€ es decisiva. ¿Igualdad de oportunidades?

Mis conocimientos legales son los de un ciudadano sujeto a derecho en un estado democrático, no más pero tampoco menos que los que debemos tener todos si funciona el sistema educativo. Vamos, que sé buscar en internet y leer boletines oficiales e instrucciones, poco más. Por supuesto agradeceré que se señalen los errores e ingenuidades de mi propuesta. Una cosa creo intuir: sólo debe crearse normativa sobre aquello sobre lo que puede haber disputa. Por tanto el campo del artículo vuelve felizmente a reducirse: ¿qué es disputable sobre materiales curriculares? Las condiciones que los hacen aceptables por un sistema educativo democrático, cómo se garantiza la igualdad de oportunidades, quién paga estos recursos, cómo se compensa la autoría.

Condiciones de aceptabilidad

El respeto a los valores constitucionales y democráticos, la igualdad de género, la atención a la diversidad y el respeto a las diferencias, la no discriminación por causa de género, raza, pensamiento, origen social, las soluciones pacíficas de los conflictos... Todos estas condiciones deben cumplirse sin excepción en los materiales presentes en nuestra escuela, salvo que se utilicen como ejemplos para hacer más visibles los valores. También deben cubrir globalmente los contenidos y objetivos mínimos de los decretos y órdenes. Globalmente, es decir que los materiales no tienen que ser completos: es el trabajo del profesorado (quizás con la ayuda de la administración) el que se debe ocupar de esta completud. Sin embargo la idea de un registro de materiales curriculares que los examine previamente a su autorización es, como dicen los compañeros, irrealista, y además parte de la desconfianza. Tolérense los materiales, y que el escrutinio público, el buen juicio de los y las docentes y el trabajo de la inspección saquen del sistema los inadecuados. El registro nunca lo ha hecho. Luego el registro debe desaparecer por inútil.

Propiedad de los materiales curriculares

La Orden de 27 de abril de 2005, decía que los materiales curriculares de uso común y los creados por el profesorado, al igual que los libros de texto, serán propiedad de la Administración educativa (ver artículo 3 de la orden citada, o la Instrucción Séptima  del 5 de junio de 2009). Es decir, la Administración exige la propiedad sobre aquellos materiales que paga. Es un derecho evidente, ¿no? Analicémoslo, a la luz del derecho de autor, en la mal llamada Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto 1/1996, http://civil.udg.es/normacivil/estatal/reals/Lpi.html), con la distinción entre autoría, irrenunciable, y derechos de explotación.

Un autor puede poner las condiciones que desee sobre su obra, puede reservarse los derechos, cederlos libremente o venderlos (son los referidos derechos de explotación). Pero la Administración, cuando compra, puede fijar, dentro de los límites que permite la ley y como cualquier comprador, las condiciones en que desea comprar. Y la Administración lleva años fijando como condición la propiedad por cuatro años de los materiales curriculares que caen bajo el paraguas del programa de gratuidad. Lo que nunca se ha aclarado es qué significa esta propiedad.

O se entendía cuando los materiales eran analógicos. Pero, ¿qué es la propiedad de un material digital? En los dos casos el sentido del término propiedad no puede ser el mismo. Por concretar con un ejemplo, en el uso común de un mapa de hechos históricos o geográficos, de un esqueleto de plástico a escala real o de un diccionario en formato papel, la propiedad se refiere al objeto físico y no a los datos que han permitido moldear el esqueleto o imprimir el mapa o el diccionario (¿o sí?). La Administración no entra en la Orden en los derechos sobre el conocimiento que permite crear el diccionario (en realidad sí que entra, pues por un Real Decreto protege los derechos morales y los derechos de explotación de la propiedad intelectual, prohíbe la fotocopia, etc.). Cuando alguien compra un libro no compra más que la copia en papel. Quiere decirse que la Administración paga, vigila la buena conservación y se queda con los objetos. Lo que nos lleva a una dificultad: ¿qué significa propiedad en el caso de unos materiales digitales creados por una empresa o por el profesorado? No se puede referir al pendrive o CD donde están contenidos (el soporte). Luego se refiere a los datos, al contenido. En mi modesta interpretación propiedad es un término inadecuado para referirse a los derechos digitales sobre los materiales que entran dentro del programa de gratuidad: se refiere a que la Administración, que siempre respetará por ley la autoría (los derechos morales son irrenunciables), reclama el derecho a disponer de los materiales, y a permitir su uso común (lo que en digital significa el derecho a copia, distribución y modificación). Pero la fuerte expresión propiedad (no se habla de cesión o permiso de uso) implica permiso para utilizar de forma arbitraria, es decir la modificación y reutilización (la obra derivada), reconociendo por supuesto la autoría original.

La homologación

¿Por qué aparece el concepto de homologación? Porque se va a asignar dinero público. Si no apareciera en el decreto de gratuidad, no se habrían planteado el tema. Y como el dinero va al centro (se trata de materiales creados por el profesorado, y por tanto no hay lucro posible) se recompensa con reconocimiento. Pero una vez que se ha lanzado la bola de nieve de la homologación, deben sacarle las conclusiones lógicas.

¿Qué vía de fijación de condiciones tiene la administración? Es evidente, para libros creados por las editoriales, el registro; para los materiales creados por el profesorado, la homologación. ¿Por qué hay dos puertas? Por la misma razón histórica que en las casas nobles había una puerta principal y la de servicio: para marcar distancias. Supongamos que prescindimos del registro de libros y todos los materiales curriculares entran por la puerta de la homologación. Para que un material esté homologado debe incluir información sobre los derechos sobre su uso (no era una condición que estuviera incluida explícitamente en la Orden de 2 de septiembre de 2005, y por tanto se entiende por el Real Decreto 1/1996 que todos los derechos estaban reservados. Esto así es inaceptable, porque ata a la administración de pies y manos). Ciertas condiciones harían no interesantes pedagógicamente unos materiales, las condiciones que hagan los materiales privativos. Hay que negociar las condiciones aceptables ya, y por ley. Por otro lado, es curioso que la administración no se reconozca a sí misma como generadora de materiales: es urgente modificar la Orden de homologación, y añadir la homologación automática de los materiales premiados y de aquellos creados directamente por la administración. Es más: incorporar a un repositorio de la administración debe equivaler a la homologación del recurso.

Segundo paso en el argumento: ¿qué diferencia hay entre unos materiales digitales creados por el profesorado individual o colectivamente, y los materiales ofertados por profesionales de la creación de contenidos, salvo el lícito objetivo de la explotación comercial? ¿hay que establecer reglas de juego diferentes? No parece justo ni racional. Los materiales digitales tienen por esencia unas propiedades que son distintas de las de los materiales analógicos, y la normativa debe actualizarse para estar acorde con las nuevas realidades. Es plausible pensar que es posible que los materiales creados por profesionales de la creación de contenidos podrían tener (percíbanse los funambulismos verbales) más calidad que los creados por el profesorado, y también que se busque una compensación económica por el trabajo, los medios empleados y por el conocimiento acumulado, pero también es razonable que el comprador ponga sus condiciones a la hora de la negociación de la compra/venta. Sobre todo, si se trata del dinero de los contribuyentes. Y si se trata de una necesidad pedagógica, del imperativo categórico del buen docente: es necesario (¡y ahora, en digital, posible y fácil!) modificar los materiales, adaptarlos al estilo del docente y a la realidad del centro y del aula y de cada alumno y alumna. Unos materiales curriculares, sea un libro de texto o unos materiales alternativos, no pueden ser un corsé sino una ayuda, y el equipo educativo es la referencia para la selección de recursos, su creación si lo considera conveniente y su adaptación si lo prefiere.

¿Por qué registro no y homologación sí? Porque es la única vía igualitaria de reconocimiento al trabajo del profesorado. Por supuesto, si partimos del principio de no-desconfianza, se haría sobre materiales en uso, nada de censura previa inquisitorial o puertas separadas.

Dónde los materiales

Desde 1996 en España el mundo es distinto, no sé si se han dado cuenta ustedes. Desde la llegada de internet al gran público hemos entrado en la era digital, y las propiedades de lo digital son distintas de lo analógico. Dos recordaremos: no importa el espacio físico donde estén las cosas (un diccionario puede estar en un ordenador de una universidad de Estados Unidos o en el de la mesa de al lado, es indiferente) y las copias son idénticas porque son la misma sucesión de ceros y unos. Pero ambas cosas tienen consecuencias.

El único momento filosóficamente protegible es el de la creación, no el de la copia. El derecho de copia (copyright) se explica por su historia: protegía la inversión, cuando el proceso de impresión era caro y difícil; también la calidad de la copia, y sobre todo era un elemento de control político e ideológico (recuerden: hablamos de la época de la inquisición). Insistamos: ese mundo terminó. Sólo muy al final de la historia del copyright se ha buscado una protección de la autoría.  Es la creación la que aporta un valor añadido, y el proceso de creación es infinito, porque responde a necesidades espirituales, que son plásticas. Sólo una visión pesimista de las capacidades humanas puede querer montar un modelo de negocio sobre la copia. Es la creación la que tiene derecho a ser recompensada económicamente. El paso del modelo de ejemplares al de servicio va encaminado, si no se reduce a restringir el acceso a ejemplares, si crea y ordena espacios de aprendizaje.

¿Dónde los materiales? En los repositorios de materiales curriculares homologados que establezca la administración, centralizados o locales a la comarca o al centro educativo, marcados y formateados de forma que permitan la descarga, la folksonomía, la evaluación. En los repositorios de otras comunidades, autoridades educativas de otros países, universidades y organizaciones educativas. En los abiertos espacios personales del profesorado o de las empresas. En los portfolios del alumnado, sujeto activo del aprendizaje y de la creación de conocimiento compartido. En internet. ¿Son todos estos sitios iguales? ¡En absoluto, despierten del sueño 2.0! Los repositorios de la administración son un servicio público garantizado, contendrían materiales homologados y listos para la descarga, con las condiciones de redistribuibilidad y adaptabilidad que estimamos imprescindibles.

¿Cómo llegan? Por libre cesión, a cambio de dinero para el centro y reconocimiento de autoría para méritos y una eventual y deseable carrera docente, y por compra, no alquiler, tras negociación de condiciones. Por supuesto no habría drm sobre los recursos en el interior del sistema educativo andaluz, los productores comerciales deben comprender que impedir la copia es una solución predigital.

A estos repositorios les da sentido una propuesta del equipo de trabajo al que he pertenecido durante el curso 2009-2010 y en la que no voy a entrar aquí: un cuaderno de programación que sea la interfaz de los materiales con las circunstancias del profesorado (nivel de formación pedagógica y tic, estilo docente...).

Esbozo de escenario

A cada centro educativo andaluz se le asignará una cantidad de dinero bajo el concepto de gratuidad de materiales curriculares, según el número de alumnos y alumnas matriculados, variable en función de las características sociológicas del centro y de la diversidad del alumnado, supongamos 100€ por persona. Ese dinero se invertirá en los materiales homologados (o propuestos a homologación) que decida el centro, y se incorporarán a la bibliotecas de aula y de centro, laboratorios, talleres, y al repositorio de contenidos del centro. Desaparece el libro de texto único para toda la clase. No todos el alumnado deberá adquirir los mismos materiales: podrán comprarse por ejemplo cinco o diez ejemplares del libro de texto en formato papel de la editorial A, cinco del libro digital de la editorial B, acceso a la descarga de otros veinte recursos desagregados del proveedor C, materiales de consulta, lecturas graduadas y materiales de elaboración propia. Todo el alumnado y el profesorado del curso podrá utilizar todos los recursos. Este sí sería un experimento interesante.

Monday, July 6 2009

Una de balances. En la web 2.0

(Escrito bajo la luna irrecuperable de julio del 2009) Los amigos insistían. El 31 de enero me hice la cuenta en Facebook. Del 11 de febrero es mi acceso a twitter. Llevo exactamente 501 tuiteos, es hora de hacer balance. Y de paso disparar contra  lo que se menee, que va siendo hora. Es la primera de una serie de reflexiones debidas, sólo posibles ahora que hemos recuperado algo el uso del tiempo.

Recuerdo mi primer contacto con un PC. Pasé casi todo un verano intentando instalar sin éxito el compilador de Pascal de Borland. No tenía a quién preguntar. Sería 1989. Pero a pesar de la frustración en lugar de rechazo la máquina me despertó fascinación (¿doctor, es grave?), una máquina que hacía lo que le pedías, no lo que creías que habías pedido. Como las cámaras de fotos, que sacan lo que hay delante, no lo que quieres ver. Una máquina que te obligaba a ser preciso. Usé el ordenador como una máquina de escribir gloriosa durante años, con memoria, tipos de letra y previsualizaciones; guardaba y recuperaba mis datos de películas, y utilizaba la programación como un ejercicio de precisar y ordenar pensamientos. Soy usuario de herramientas digitales de comunicación desde ¿1996?; En 1996 llegó el Aleph de Borges: Infovía nos trajo internet a casa, y con internet la Biblioteca del Congreso y las letras de Dylan y los artículos de Papert... para mí internet ha sido una herramienta de búsqueda de información pero también, supongo que inmediatamente, se convirtió en un vehículo de comunicación con personas. No llegué a los BBS ni fui usuario de foros de noticias, pero he usado el correo electrónico sistemáticamente durante años.

En el 97 llegué a GNU Linux. Primero por curiosidad. Segundo porque el sistema operativo me fascinó como campo de estudio, harto de perderme en las oscuridades del registro. Tercero por la generosidad de las personas que participaban en su desarrollo. Al poco sentí que debía devolver algo a cambio de todo lo que estaba recibiendo, y me ofrecí (por correo) para traducir al castellano un programa: yudit, del húngaro Sinai Gáspár. Así comenzó mi participación en los grupos de traducción. Después he usado y uso listas de distribución, foros, gestores de contenidos, plataformas educativas. Todas herramientas de información y de comunicación. Publico en internet desde por lo menos 2004. He participado en proyectos, he coordinado alguno. Uso moodle en clase. Llevo, mal que bien, dos bitácoras.

¿A qué viene todo este preámbulo? A que sostengo ni en su origen ni en el momento de su llegada al gran público internet han sido esa Web 1.0 que cuentan de forma tan dualista los cantores de la Web 2.0. Pensamos en términos de antes y después, de malo y bueno, como en los anuncios. ¿Por qué dejamos que los creativos de publicidad y los consultores de marketing decidan nuestra visión de las cosas? Entre el blanco y el negro están los millones de grises. Ni la web es internet ni nació para hacer negocio. Primero, la worldwide web, lo que corre bajo el protocolo http(s), llegó cuando las noticias, el correo, el intercambio de ficheros y la publicación de documentos ya estaban maduros. GNU Linux es un ejemplo de proyecto nacido en y gracias a internet. ¿Es un proyecto 1.0? ¡Anda ya! Segundo, tanto internet como la web nacieron para la comunicación entre iguales. Tercero, claro que ha podido haber una experiencia vertical y pasiva de uso de la web, cuando para participar había que saber inglés y saber qué había por debajo de la página que se mostraba en la pantalla. Claro que la internet participativa era minoritaria. Pero tenía una característica: las herramientas se creaban para satisfacer necesidades. El wiki es una consecuencia lógica de la internet originaria, creada para el enriquecimiento de los documentos. Y la bitácora es un buen invento, con su facilidad de creación y el debate integrado en los comentarios.

Y llegó la idea de sacar dinero de internet. Se ofrece un servicio, que se llena con los contenidos que proporcionan los usuarios. Como telas de araña, buscan sus moscas. Crean redes, proporcionan herramientas a la espera de que alguien las necesite. Fabrican necesidad. ¿No veis el sutil cambio de metáfora, de la red que une a personas a la telaraña que las espera? Google indexa nuestras páginas; facebook o tuenti se llenan de nuestros contactos, nuestras fotos, nuestros mensajes en el muro. En blogger, googledocs o wordpress escribimos. Proporcionan algo que no existía, esencialmente facilidad. A mí este énfasis en la facilidad me parece irresponsable, me recuerda demasiado al que inventen ellos. Pero entiendo que ha servido para llegar a todos y todas. Si como dicen la Web 2.0 es una actitud, internet siempre fue 2.0. Lo nuevo es la generalización, la facilidad, la inmediatez de la participación. A cambio les entregamos nuestros datos. Pasan de nuestros ordenadores a sus servidores. De nuestro control a... ¿a?

Tengo 120 amigos en Facebook. Entro ahora cada dos o tres días, pongo algunos mensajes en los muros, poco más. Lo conecté con twitter, mi delicious y mis dos bitácoras, eso es lo que le alimenta. No me sorprende nada: ya estuve en la fiebre y defunción de Orkut de ¿2006? (¿te acuerdas, Ana?) y la mayoría de las actividades y derivados me parecen entretenimientos para adolescentes. Los grupos me parecen inútiles (¿habéis oído el dicho, eres más inútil que un grupo de facebook?). Me niego a poner fotos privadas, a dar detalles no-profesionales. No me gusta la idea del lifestreaming, ni la licencia. Y sobre todo me parece inaceptable no poder guardar o reutilizar mi foaf de contactos.

No he sido de chats, im o irc, siempre me han estresado. Me ha parece que la sincronía es un defecto y no una ventaja: necesito tiempo para pensar una respuesta o para tener ganas de escribir. En OFSET hemos usado nuestro canal para reuniones puntuales, como la asamblea general, y ahí la sincronía tiene sentido. Sven Guckes ha intentado convencernos de las ventajas técnicas del irc (sesiones remotas permanentes, robots, registro automático...), sin éxito. Por todo eso me resistía a usar ese irc para usuarios web 2.0 que es twitter: ¿un chat de una sola sala, con un log dudoso, con decenas, cientos o miles de usuarios? Nein, danke.

Sigo a 140 personas, que escriben en castellano, catalán, gallego, francés, inglés. Tengo 128 seguidores, algunos humanos. Llevo 501 tuits. Procrastino, procrastino mucho, pero siempre lo había hecho. Tiene razón Juan José de Haro: twitter no es exactamente sincrónico, hay un lapso de tiempo entre que se escribe y llega el mensaje y uno puede tomarse su tiempo para responder. Hasta cierto punto. Cuando empecé quería seguir los hilos de la mañana o de la noche anterior. Pero el juego no es así: twitter es una barra de bar. Llegas, saludas a los amigos e intervienes en la conversación. Antes de tu llegada había una conversación y después habrá otra, qué importa. No escribes para google como en las listas de distribución abiertas; no busques lo que escribiste hace tres meses, es un entorno efímero.

Tampoco es libre. ¿Cómo recuperar tus datos? ¿Cómo guardar tu lista de contactos en un formato que puedas volver a utilizar en la siguiente aplicación social? Hay alternativas de microblogging basadas en software libre. Puedes instalar laconi.ca en un servidor propio. Puedes utilizar la red identi.ca, que sí permite exportar el foaf. Pero twitter es el espacio donde está la comunidad educativa.

No usaría el twitter salvo por una razón: es la única forma de saber qué hacen Aníbal de la Torre, Jordi Adell o Dolores Reig. No escucharía los comentarios siempre afilados de Potâchov, ni los desahogos brillantes de Nololamento. Sencillamente: estaría desconectado del discurso diario de una parte de la comunidad que habla de tic y educación y esa parte, nacional e internacional, me interesa. No está todo el mundo y hay otros espacios que seguir (las bitácoras y foros, las NING) —de hecho estar al día debería ser una profesión con dedicación completa para la que me ofrezco como candidato— pero hay que estar.

A ver si concreto y avanamos hacia las conclusiones: tengo 2971 enlaces en mi Delicious personal, de los cuales unos 1000 compartidos. Delicious responde a una necesidad, chapeau. Pero estoy en cerca de una docena de redes que compiten entre sí por el mismo tipo de usuario; redes que son el reflejo del voluntarismo de su creador, o que reinventan la rueda.

En segundo lugar, la web 2.0 tiene un claro déficil de cara a los usuarios. Un déficit democrático. No soy ingenuo como para creer en esa internet autogestionada y libertaria en la que creen algunos compañeros activistas del software libre. Las grandes empresas del software social están aquí para quedarse y ofrecen algo que nadie puede ofrecer. Los gobiernos lo harían peor. Nosotros simplemente nunca podremos. Pero, como en la economía real, el mercado debe ser regulado o desaparece en manos de los monopolios. Sinceramente creo que hacemos un uso adolescente de internet. Admitimos los programas de fuente cerrada cuando eso significa que no sabemos lo que hacen realmente. Compartimos datos sin saber si estamos renunciando a nuestros derechos sobre ellos. No importa, ya se arreglará, ya cambiaré de sitio cuando tenga problemas, ¿no son actitudes adolescentes?

Debemos exigir a los gobiernos que legislen para proteger los derechos de los ciudadanos también en lo que tiene que ver con la identidad digital. Un gobierno o defiende a los lobbies de poder o defiende a los usuarios. Y las cosas no se están haciendo bien. Hemos puesto a los lobos a cuidar de las ovejas. Quiero mis datos del Facebook y del twitter en un zip, como saco los cursos de moodle cuando quiero, como exporto los contactos de identi.ca. Quiero que al usar la API de google o yahoo! en un mashup tenga la garantía de que las condiciones de uso no van a cambiar cuando le interese a la empresa, cuando mis datos y mis programas estén cautivos. No es pedir tanto, es pedir lo justo.

Monday, March 3 2008

Problemas con el copyright

Intentando continuar la entrada anterior, sobre qué clase de herramienta son las TIC, me encuentro con unas imágenes que deseo utilizar pero que tienen copyright expreso. ¿Qué haríais?

Se trata de dos imágenes que me parecen mucho más clarificadoras que párrafos y párrafos de descripciones. Están en http://www.discoverychannel.com.au/ancient_greece/education/index.shtml y en http://www.museum.upenn.edu/Greek_World/pottery_big-47.html . En ninguno de los dos casos está claro cómo contactar con los propietarios de los derechos de las imágenes, y acabo de escribirles a los responsables de los dos sitios web pidiéndoles permiso para utilizar las fotos en una entrada personal, no comercial y sin ánimo de lucro, y rogándoles que si no son los propietarios por favor me informen de cómo puedo contactar con ellos. Es martes 3 de marzo, veremos si recibo respuesta y cuándo.

Preguntas: ¿he hecho lo correcto? ¿qué habríais hecho vosotros? Segunda: ¿beneficia esta política a ambos museos? ¿no recibirían más publicidad positiva si yo utilizara las imágenes con un pie en el que agradeciera el permiso de utilizarlas? ¿son menos dueños de la imagen y de los originales porque yo los reproduzca? ¿qué tiempo de vida le queda a esta mentalidad?

Tuesday, February 26 2008

¿Qué clase de herramienta?

(Voy a hacer otro experimento. Voy a dejar ver las versiones sucesivas de la redacción de esta entrada, en vez de esperar a que esté medio terminada —nunca están—. Si alguien tiene algún comentario puede ayudarme a precisar lo que quiero decir).

Imitación rusa de navaja suiza. Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Swiss_army_similar_knife%28top%29.jpg. Autor: Krr. Licencia: dominio públicoDecir que los ordenadores o las TIC son una herramienta (o sólo una herramienta, o una herramienta más) es lo más parecido a no decir nada. Que lo diga un compañero que empieza ahora a plantearse para qué le sirven los ordenadores es comprensible, porque está poniendo la frase en su dimensión justa: es una pregunta, no una conclusión. Que lo digan los que cobran por reflexionar sobre el uso educativo de las TIC me exaspera. Al próximo que descubra que los ordenadores son (sólo) una herramienta le tiro el ratón a la cabeza virtual. ¿Qué clase de herramienta? ¿del mismo nivel que el borrador o que las persianas? Supongo que no se quiere decir eso; entonces hay que aclarar qué clase de herramientas son los ordenadores, y si su presencia en las aulas puede significar algo para lo que debe hacerse allí: aprender.

Lo que sigue ni es la primera vez que intento contarlo ni es original. Y sin embargo no creo haberlo contado bien nunca, ni que se conozca suficientemente la obra de los inspiradores, Papert, Kay.

Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Laurentius_de_Voltolina_001.jpg, The work of art depicted in this image and the reproduction thereof are in the public domain worldwide.

Empecemos quitando la peor maleza. Lo que no es de ninguna manera un ordenador es un electrodoméstico. Un lavadora debe ser simple, hacer tres cosas bien. De hecho una lavadora es una clase de ordenador con tres, o cinco o siete, programas. Un ordenador de verdad se caracteriza por su flexibilidad (versatilidad dice el artículo de la Wikipedia, pero sólo se comprende cuando se lee sobre la historia de la arquitectura de Von Neumann). Puede ejecutar cualquier programa (esto es verdad por su genial simplicidad a otro nivel: sabemos que los ordenadores lo único que hacen es poner bolitas en cajas). Puede reproducir un video con la boda de tu hija, puede permitirme anotar estas reflexiones, pude calcular la trayectoria de un misil. ¡Pero dejaros de la chorrada de la facilidad! Mirad a un niño que gatea: hará todos los esfuerzos necesarios, hasta los golpes y el dolor, por levantarse, echar a andar y alcanzar lo interesante. Nuestro peor estudiante dominará técnicas complejas para piratear juegos o móviles. El ser humano persigue lo interesante, no lo fácil. Una lavadora no es interesante. Determinadas actividades escolares son tan amenas como programas para lavadoras.

¿Qué es una escuela? El lugar privilegiado para las ocasiones de aprendizaje, donde los medios, la estructura, los recursos, favorecen el aprendizaje y donde los aprendices tienen a su disposición la ayuda de unos expertos en facilitar el proceso de aprendizaje y en sus contenidos y estrategias.

Llegan herramientas de muchos tipos al aula. Unas son de uso marginal (como alumno y como profesor mi experiencia con el uso del retroproyector ha sido anecdótica) o indiferente, otras puede que se hagan imprescindibles por su uso diario (pienso en la pizarra borrable o la fotocopiadora), queda por ver si alguna es de por sí revolucionaria. Yo he vivido una escuela como la de la imagen de la segunda mitad del siglo XIV. Lo reconozco todo: el profesor autoridad, que como diría Artigal mira desde la izquierda en su tarima; enfrente los alumnos (¡una clase mixta!), algunos distraídos o dormidos. Los bancos, los libros. Al fondo las paredes. ¡Sólo falta la pizarra y podría haber dado clase cómodamente en esa habitación! ¡Es más, me dáis un portátil y un cañón y es lo más parecido que he visto a una presentación con pauerpoin!

Monday, February 25 2008

Esto debe ser ficción

Esta entrada no es nueva. Pertenece al primero de mi serie de tres artículos sobre moodle, y está escrita por tanto en noviembre de 2005. Pero tiene una historia curiosa: no pudo entrar por falta de espacio en ninguna de las tres entregas publicadas en la revista (supongo que no será común caer en la cuenta de que los artículos como se escriben y lo que se publica en último término no son la misma cosa) y supongo que la versión completa ha sido poco conocida y menos leída.

Como creo que aclara mi postura sobre determinadas cuestiones lo republico aquí, donde puede abrir un diálogo.

Supongamos que nos encontramos en el primer año de un proyecto educativo de gran envergadura. Los responsables son partidarios convencidos del software libre, pero como responsables del éxito del proyecto temen que no esté suficientemente maduro en alguno de sus aspectos y como entorno virtual de aprendizaje eligen una solución comercial, cerrada y aparentemente brillante. Se dicen: sólo será por este año, es una solución provisional hasta comprobar que todo funciona correctamente. Se contrata el uso (más soporte técnico) por un año a un precio caro. Y se prohíbe el uso de alternativas por cuestiones de seguridad: no hay forma de compartir recursos que no sea usando la plataforma cerrada.

Transcurre el año. Los usuarios se dividen entre (a) los que no usan el LMS porque consideran que no necesitan ninguna herramienta de este tipo o no han aprendido a utilizarla, (b) los que se niegan a usarla porque no es libre y los datos que se introduzcan quedan cautivos, y lo dicen, y (c) los que la utilizan de forma entusiasta por las grandes oportunidades y recursos que proporciona una plataforma, cualquier plataforma (qué más da gato blanco o gato negro si caza ratones, dicen).

Termina el primer año. Se está negociando el cambio de licencia, se afirma, luego lo más prudente es dejar las cosas como están y contratar un nuevo año (más caro porque el número de centros implicados se ha multiplicado por tres). Durante el segundo año se siguen introduciendo datos en la plataforma, ahora de forma masiva, porque se destacan y premian los recursos producidos durante el primero.

Va a comenzar el tercer año. Se intenta dar una solución al problema (el gasto es insostenible y la contradicción entre software libre y plataforma privativa también). Se convoca un concurso público de plataformas. La elegida tendrá que ser libre, al fin. Deberá cumplir los estándares que permiten importar y exportar objetos de aprendizaje, al fin. Y deberá permitir reutilizar los recursos introducidos durante los dos primeros años. La presión de los usuarios ante el temor a perder el trabajo realizado es muy alta.

Sólo hay una candidata que puede cumplir las condiciones: la propuesta por la misma empresa que había creado la plataforma privativa. Sólo ella conoce cómo se han almacenado los datos y cómo puede rescatarlos. Esa empresa gana el concurso.

Cuando muchos recitan el ya manido tópico de las cuatro libertades le dan un tono entre retórico y utópico que demuestra que no han comprendido. Las cuatro libertades no caen del cielo ni son un invento de un hippy un poco loco, están ahí para proteger al usuario. Sólo el software libre permite que el usuario sea dueño del software que utiliza y de los datos y recursos que maneja. Los datos introducidos en una base de datos opaca son cautivos, equivalen a introducir el caballo de troya de la dependencia dentro de nuestras murallas. Para poder reutilizarlos debemos seguir dependiendo de la aplicación.

Y todos los pasos seguidos han sido correctos, salvo el primero. Es como una partida de ajedrez o la marcha implacable de la lógica deductiva: sólo ha fallado el principio.