I. Los Mac

En primer lugar, ¿cómo no me van a gustar los Mac? ¡Son ordenadores de gama alta, que corren un sistema Unix al que se le ha añadido mucho dinero! Hay cosas que no me gustan, el panel inferior me marea, creo que los menúes contextuales con el botón derecho (¡y seleccionar con izquierdo y el central para pegar!) son superiores, y se abusa del arrastrar y soltar, que en última instancia es un poco limitado, pero todos estos son asuntos menores.

II. Los maqueros

¿Y los maqueros? Ah, esa es otra cuestión, que requiere más matices. Simplemente hay muchas cosas acerca de ellos que no entiendo. No entiendo que una solución de hardware sea la mejor y cuando una empresa toma una decisión comercial en el sentido opuesto el nuevo hardware siga siendo sin duda el mejor; no entiendo que se cambie el sistema operativo base y los dos, el anterior y el nuevo, sean sin contradicción el mejor de los posibles. No entiendo el espíritu gregario, la hipnosis colectiva, que a todos sin fisuras les guste el blanco, o que confundan la forma del aparato con su calidad (¿eso no era una etapa en el desarrollo piagetiano?). No entiendo su desprecio de otras soluciones proletarias, que no conocen, ni su autosuficiencia. Pero ese no es mi problema, realmente no es problema de nadie, cada cual se ata con las cuerdas que quiere y los caprichos son libres.

Hay en mi entorno la curiosa impresión de que el uso de los Mac es un fenómeno novedoso y en expansión. Es verdad que aparentemente Vista no ha tenido éxito, y que algunos se pasan al Mac, pero los más vuelven al XP o... A propósito de las estadísticas citadas en el enlace anterior, son un ejemplo típico del estilo Mac de ver el mundo:

In terms of alternatives, Apple's Mac OS X 
leads the pack, with support from 28 per cent
of survey respondents. About 25 per cent said
they would opt for Red Hat Linux, with SUSE
Linux and Ubuntu each garnering 18 per cent
of the vote. Another nine per cent cited other
Linux operating systems and four per cent were
unsure.

Lo que leído desde el planeta tierra equivale a que piensan en Linux un 25+18+18+9% de los que se plantean abandonar Windows. ¡Qué éxito para Mac! Los Mac copaban las aulas y fueron expulsados de ellas (sí, ya sabemos por quiénes y cómo, pero esa es otra historia). Linux, que carece de servicio de ventas y aparato de propaganda y relaciones públicas, triunfó en los superordenadores y en los servidores, está entrando en los móviles y planta batalla en los escritorios de usuarios finales. Los aislados grupos de usuarios supervivientes de Mac en la educación no sobrevivirían sin el apoyo de la empresa. Y que desde la administración educativa se trabaje para recopilar y reutilizar todo este conocimiento pedagógico me parece bien.

Fran Iglesias en el Encuentro de Grimm de EsteponaDos cosas de ellos me incomodan. En primer lugar porque es verdad que si alguien busca experiencias importantes en el uso de las TIC en España, si alguien busca una reflexión pedagógica válida, se topará siempre con el nombre del Proyecto Grimm. Acabo de rever la charla-resumen de Fran Iglesias, y todo lo que dice es pertinente; no sé qué tiene que ver con los Mac pero es pertinente y estoy de acuerdo. Y es verdad también que en el grupo Grimm prima la colaboración, el entusiasmo por el trabajo y la innovación y la contribución desinteresada. Eso precisamente me desespera: el esfuerzo desencaminado, los recursos libres al servicio de una empresa que no busca más que crear usuarios cautivos. ¡Qué fastásticos equivocados sois, cuándo veréis la luz!

La segunda fuente de desacuerdo es que se presenten como la solución para los problemas de la integración de las TIC en la educación (que sí, que se presentan). Me da la impresión que los maqueros tienen un martillo y todo lo que ven son clavos. Su histórica superioridad en lo multimedia les lleva a pensar que las herramientas más interesantes son multimedia. Esto es una verdad parcial, primero, porque ni es necesario un Mac para hacer un video o un podcast, ni las herramientas educativas integradas se quedan ahí. He discutido numerosas veces la tesis de que la facilidad  o intuitividad (sic) o la «integración entre sí» de las herramientas que proporciona Apple serían el arma para romper la resistencia al uso innovador de las TIC por parte del profesorado. No lo creo (más bien creo en un problema de formación pedagógica y de liderazgo que ya desarrollaré en otro momento). Pero es que este argumento trabaja en contra de ellos: las herramientas web 2.0 son más fáciles de usar (¿o ahora va a contar la potencia, la flexibilidad y el control de los recursos por el autor? ¡No se puede cambiar de argumentos en mitad de una discusión!) y empiezan a hacer del sistema operativo sobre el que funciona el navegador una cuestión indiferente. Descansando mientras escribía esta entrada he descubierto en learning.now,  la bitácora de Andy Carvin, las 50 Web 2.0 Ways To Tell a Story  que nos propone Alan Levine. ¡Un abanico apabullante de herramientas multimedia para usar en línea, fáciles como una aplicación para el Mac! Y entonces, ¿para qué queremos el Mac? Creo que lo sé: para salvaguardar el control de los usuarios sobre sus datos y sus recursos, para explotar la potencia en local y en modo casi monotarea de las máquinas y porque las herramientas disponibles todavía no son muy versátiles. Todo lo cual equivale a cambiar de caballo en mitad de la corriente. Menos mal que ya Fran había negado tres veces la santa facilidad. Y en la liga de las aplicaciones potentes demasiado potentes también juega el software libre. Pero evitemos llegar al terreno de discusión de quién la tiene más larga (lo potencia) y cambiemos de párrafo. Pero antes un apunte para seguir en otro momento: una discusión con mucha más enjundia es la de la productividad.

III. Apple

Hemos hablado de los Mac y de los maqueros con mesura y todo el cariño posible. De la política de Apple no podemos hablar en los mismos términos.

Lo que de verdad me desespera de Apple es que todas las decisiones que toma van encaminadas a capturar a los usuarios: iPod, iPhone, .Mac, iTunes... son piezas de un universo cerrado. En la dualidad mítica de los orígenes del software privativo nunca hubo un Caín y un Abel, sino un Caín más fuerte que el otro (ya escribiremos sobre el mito de los orígenes otro día, y sobre los treinta años perdidos en la informática). En una frase: los dos comparten la visión de los usuarios como clientes y no como protagonistas.

Un ejemplo nos ahorrará muchos razonamientos. ¿Por qué intentar acceder al enlace Podcasts de la página del Proyecto Grimm nos devuelve la pantalla de arriba? Los podcasts son ficheros de audio (los de audio) acompañados por un fichero de texto xml, se pueden crear y editar con un editor de texto, ¿qué sentido tiene la visita a iTunes salvo el paso por taquilla y el DRM?

Lo explica mejor que yo (¡qué sorpresa!) Mark Pilgrim, When the bough breaks:

I loved iPhoto until my iPhoto database 
got corrupted one day, and I
lost all my ratings, keywords, and albums
because that information is stored in an
undocumented binary black hole  (...)
Similarly, I loved iTunes until my
Tunes database got corrupted, too. Once
again, I lost all my ratings and about
two dozen well-thought-out interlocking
“smart” playlists. And once again, all of the
irreplaceable metadata was stored in an
undocumented binary black hole.

Los formatos cerrados dejan indefensos a sus usuarios, los formatos binarios doblemente; ha pasado tantas veces que no entiendo cómo todavía no se ha aprendido. Realmente no importaría el sistema operativo con el que esté creado el recurso si todos los recursos utilizaran formatos abiertos. Entonces sí podríamos hablar de neutralidad. Pero hemos perdido y seguimos perdiendo demasiadas horas intentando descifrar códecs privativos para poder ver un vídeo educativo, o intentando saltar el DRM para poder reproducir el podcast en un dispositivo no-apple.

Por todo lo anterior estoy en contra de la política de Apple y creo que los grupos educativos que trabajan en entornos Mac están profundamente equivocados. Y ahora a esperar las flames.