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Wednesday, July 14 2010

Una propuesta para la normativa sobre libros de texto en Andalucía

Llegan adelantos sobre los desarrollos de las Instrucciones de 7 de junio. En la misma línea y con la misma incapacidad de comunicación que las noticias que se refieren a la pérdida de las horas de dedicación a planes y programas. Da la impresión de que alguien corre con las piernas por delante de la cabeza, en una dirección que en el fondo no quiere nadie. Me temo que esta será una entrada inútil más, o que se recuperará dentro de tres o cinco años, para mirar el tiempo perdido. Bueno, hay que beber del vino que nos dé el año y pelear nuestras peleas, ridículas, innecesarias, si las contemplamos con un poco de perspectiva. Estar y no estar, no quedar reducidos a esa pelea tan pobre. Mirar hacia el futuro.

La respuesta de José Luis Castillo al artículo anterior, la entrada de Aníbal de la Torre, las nuevas derivaciones del post de Jordi Adell, me confirman en una certeza: no voy a repetir lo que ellos han escrito, bien y claro. Sabemos en qué campo estamos. Afortunadamente nunca me lo planteé. El único objetivo de esta entrada en crear las bases para una reflexión que permita que una administración conceptualmente obsoleta pueda actualizar su normativa sobre materiales curriculares a las necesidades de los tiempos. Poca cosa, ¿no? Pero menos que arreglar la educación y cambiar el modelo de negocio de las editoriales en trescientas palabras, digo yo. Esta entrada se queda en el estrecho campo de la normativa.

Parto de las definiciones del artículo precedente. Un par de comentarios previos, como siempre. La gratuidad de libros de texto (ya sabemos que el nombre es en sí una trampa) es sólo en apariencia una iniciativa progresista: se justifica porque proporciona al alumnado con menos recursos los materiales curriculares que necesitan, pero con el dinero de todos, siempre escaso, pagamos también los de aquellas familias cuyos ingresos son cinco o diez veces superiores. Dicho esto, entiendo que políticamente no tiene vuelta atrás; con ella contaremos.

Y hablando de igualdad de oportunidades, voy a defender la libertad de elección de materiales curriculares, sea cual sea el origen (comercial o creados o remezclados por el profesorado). En la web circula demasiada película de buenos y malos, simplificaciones que no caben en un análisis objetivo; es evidente que las editoriales van a crear las propuestas que entienden que buena parte del profesorado desea, y que no tendrían problemas para generar recursos desagregados o mucho más válidos pedagógicamente. El famoso pdf con ruiditos al pasar la página es el máximo cambio que algunos compañeros están dispuestos a aceptar, y no les corresponde a las editoriales enfrentarse al conservadurismo docente. Sí a la administración. Lo que no parece razonable es (Instrucción duodécima) asignar 233€ si se compra un libro de texto y 22€ si el material es de elaboración propia. Psicológicamente es evidente que, además del plus de trabajo y labores burocráticas, para el profesorado que debe hacer la elección la sensación de estar perdiendo 211€ es decisiva. ¿Igualdad de oportunidades?

Mis conocimientos legales son los de un ciudadano sujeto a derecho en un estado democrático, no más pero tampoco menos que los que debemos tener todos si funciona el sistema educativo. Vamos, que sé buscar en internet y leer boletines oficiales e instrucciones, poco más. Por supuesto agradeceré que se señalen los errores e ingenuidades de mi propuesta. Una cosa creo intuir: sólo debe crearse normativa sobre aquello sobre lo que puede haber disputa. Por tanto el campo del artículo vuelve felizmente a reducirse: ¿qué es disputable sobre materiales curriculares? Las condiciones que los hacen aceptables por un sistema educativo democrático, cómo se garantiza la igualdad de oportunidades, quién paga estos recursos, cómo se compensa la autoría.

Condiciones de aceptabilidad

El respeto a los valores constitucionales y democráticos, la igualdad de género, la atención a la diversidad y el respeto a las diferencias, la no discriminación por causa de género, raza, pensamiento, origen social, las soluciones pacíficas de los conflictos... Todos estas condiciones deben cumplirse sin excepción en los materiales presentes en nuestra escuela, salvo que se utilicen como ejemplos para hacer más visibles los valores. También deben cubrir globalmente los contenidos y objetivos mínimos de los decretos y órdenes. Globalmente, es decir que los materiales no tienen que ser completos: es el trabajo del profesorado (quizás con la ayuda de la administración) el que se debe ocupar de esta completud. Sin embargo la idea de un registro de materiales curriculares que los examine previamente a su autorización es, como dicen los compañeros, irrealista, y además parte de la desconfianza. Tolérense los materiales, y que el escrutinio público, el buen juicio de los y las docentes y el trabajo de la inspección saquen del sistema los inadecuados. El registro nunca lo ha hecho. Luego el registro debe desaparecer por inútil.

Propiedad de los materiales curriculares

La Orden de 27 de abril de 2005, decía que los materiales curriculares de uso común y los creados por el profesorado, al igual que los libros de texto, serán propiedad de la Administración educativa (ver artículo 3 de la orden citada, o la Instrucción Séptima  del 5 de junio de 2009). Es decir, la Administración exige la propiedad sobre aquellos materiales que paga. Es un derecho evidente, ¿no? Analicémoslo, a la luz del derecho de autor, en la mal llamada Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto 1/1996, http://civil.udg.es/normacivil/estatal/reals/Lpi.html), con la distinción entre autoría, irrenunciable, y derechos de explotación.

Un autor puede poner las condiciones que desee sobre su obra, puede reservarse los derechos, cederlos libremente o venderlos (son los referidos derechos de explotación). Pero la Administración, cuando compra, puede fijar, dentro de los límites que permite la ley y como cualquier comprador, las condiciones en que desea comprar. Y la Administración lleva años fijando como condición la propiedad por cuatro años de los materiales curriculares que caen bajo el paraguas del programa de gratuidad. Lo que nunca se ha aclarado es qué significa esta propiedad.

O se entendía cuando los materiales eran analógicos. Pero, ¿qué es la propiedad de un material digital? En los dos casos el sentido del término propiedad no puede ser el mismo. Por concretar con un ejemplo, en el uso común de un mapa de hechos históricos o geográficos, de un esqueleto de plástico a escala real o de un diccionario en formato papel, la propiedad se refiere al objeto físico y no a los datos que han permitido moldear el esqueleto o imprimir el mapa o el diccionario (¿o sí?). La Administración no entra en la Orden en los derechos sobre el conocimiento que permite crear el diccionario (en realidad sí que entra, pues por un Real Decreto protege los derechos morales y los derechos de explotación de la propiedad intelectual, prohíbe la fotocopia, etc.). Cuando alguien compra un libro no compra más que la copia en papel. Quiere decirse que la Administración paga, vigila la buena conservación y se queda con los objetos. Lo que nos lleva a una dificultad: ¿qué significa propiedad en el caso de unos materiales digitales creados por una empresa o por el profesorado? No se puede referir al pendrive o CD donde están contenidos (el soporte). Luego se refiere a los datos, al contenido. En mi modesta interpretación propiedad es un término inadecuado para referirse a los derechos digitales sobre los materiales que entran dentro del programa de gratuidad: se refiere a que la Administración, que siempre respetará por ley la autoría (los derechos morales son irrenunciables), reclama el derecho a disponer de los materiales, y a permitir su uso común (lo que en digital significa el derecho a copia, distribución y modificación). Pero la fuerte expresión propiedad (no se habla de cesión o permiso de uso) implica permiso para utilizar de forma arbitraria, es decir la modificación y reutilización (la obra derivada), reconociendo por supuesto la autoría original.

La homologación

¿Por qué aparece el concepto de homologación? Porque se va a asignar dinero público. Si no apareciera en el decreto de gratuidad, no se habrían planteado el tema. Y como el dinero va al centro (se trata de materiales creados por el profesorado, y por tanto no hay lucro posible) se recompensa con reconocimiento. Pero una vez que se ha lanzado la bola de nieve de la homologación, deben sacarle las conclusiones lógicas.

¿Qué vía de fijación de condiciones tiene la administración? Es evidente, para libros creados por las editoriales, el registro; para los materiales creados por el profesorado, la homologación. ¿Por qué hay dos puertas? Por la misma razón histórica que en las casas nobles había una puerta principal y la de servicio: para marcar distancias. Supongamos que prescindimos del registro de libros y todos los materiales curriculares entran por la puerta de la homologación. Para que un material esté homologado debe incluir información sobre los derechos sobre su uso (no era una condición que estuviera incluida explícitamente en la Orden de 2 de septiembre de 2005, y por tanto se entiende por el Real Decreto 1/1996 que todos los derechos estaban reservados. Esto así es inaceptable, porque ata a la administración de pies y manos). Ciertas condiciones harían no interesantes pedagógicamente unos materiales, las condiciones que hagan los materiales privativos. Hay que negociar las condiciones aceptables ya, y por ley. Por otro lado, es curioso que la administración no se reconozca a sí misma como generadora de materiales: es urgente modificar la Orden de homologación, y añadir la homologación automática de los materiales premiados y de aquellos creados directamente por la administración. Es más: incorporar a un repositorio de la administración debe equivaler a la homologación del recurso.

Segundo paso en el argumento: ¿qué diferencia hay entre unos materiales digitales creados por el profesorado individual o colectivamente, y los materiales ofertados por profesionales de la creación de contenidos, salvo el lícito objetivo de la explotación comercial? ¿hay que establecer reglas de juego diferentes? No parece justo ni racional. Los materiales digitales tienen por esencia unas propiedades que son distintas de las de los materiales analógicos, y la normativa debe actualizarse para estar acorde con las nuevas realidades. Es plausible pensar que es posible que los materiales creados por profesionales de la creación de contenidos podrían tener (percíbanse los funambulismos verbales) más calidad que los creados por el profesorado, y también que se busque una compensación económica por el trabajo, los medios empleados y por el conocimiento acumulado, pero también es razonable que el comprador ponga sus condiciones a la hora de la negociación de la compra/venta. Sobre todo, si se trata del dinero de los contribuyentes. Y si se trata de una necesidad pedagógica, del imperativo categórico del buen docente: es necesario (¡y ahora, en digital, posible y fácil!) modificar los materiales, adaptarlos al estilo del docente y a la realidad del centro y del aula y de cada alumno y alumna. Unos materiales curriculares, sea un libro de texto o unos materiales alternativos, no pueden ser un corsé sino una ayuda, y el equipo educativo es la referencia para la selección de recursos, su creación si lo considera conveniente y su adaptación si lo prefiere.

¿Por qué registro no y homologación sí? Porque es la única vía igualitaria de reconocimiento al trabajo del profesorado. Por supuesto, si partimos del principio de no-desconfianza, se haría sobre materiales en uso, nada de censura previa inquisitorial o puertas separadas.

Dónde los materiales

Desde 1996 en España el mundo es distinto, no sé si se han dado cuenta ustedes. Desde la llegada de internet al gran público hemos entrado en la era digital, y las propiedades de lo digital son distintas de lo analógico. Dos recordaremos: no importa el espacio físico donde estén las cosas (un diccionario puede estar en un ordenador de una universidad de Estados Unidos o en el de la mesa de al lado, es indiferente) y las copias son idénticas porque son la misma sucesión de ceros y unos. Pero ambas cosas tienen consecuencias.

El único momento filosóficamente protegible es el de la creación, no el de la copia. El derecho de copia (copyright) se explica por su historia: protegía la inversión, cuando el proceso de impresión era caro y difícil; también la calidad de la copia, y sobre todo era un elemento de control político e ideológico (recuerden: hablamos de la época de la inquisición). Insistamos: ese mundo terminó. Sólo muy al final de la historia del copyright se ha buscado una protección de la autoría.  Es la creación la que aporta un valor añadido, y el proceso de creación es infinito, porque responde a necesidades espirituales, que son plásticas. Sólo una visión pesimista de las capacidades humanas puede querer montar un modelo de negocio sobre la copia. Es la creación la que tiene derecho a ser recompensada económicamente. El paso del modelo de ejemplares al de servicio va encaminado, si no se reduce a restringir el acceso a ejemplares, si crea y ordena espacios de aprendizaje.

¿Dónde los materiales? En los repositorios de materiales curriculares homologados que establezca la administración, centralizados o locales a la comarca o al centro educativo, marcados y formateados de forma que permitan la descarga, la folksonomía, la evaluación. En los repositorios de otras comunidades, autoridades educativas de otros países, universidades y organizaciones educativas. En los abiertos espacios personales del profesorado o de las empresas. En los portfolios del alumnado, sujeto activo del aprendizaje y de la creación de conocimiento compartido. En internet. ¿Son todos estos sitios iguales? ¡En absoluto, despierten del sueño 2.0! Los repositorios de la administración son un servicio público garantizado, contendrían materiales homologados y listos para la descarga, con las condiciones de redistribuibilidad y adaptabilidad que estimamos imprescindibles.

¿Cómo llegan? Por libre cesión, a cambio de dinero para el centro y reconocimiento de autoría para méritos y una eventual y deseable carrera docente, y por compra, no alquiler, tras negociación de condiciones. Por supuesto no habría drm sobre los recursos en el interior del sistema educativo andaluz, los productores comerciales deben comprender que impedir la copia es una solución predigital.

A estos repositorios les da sentido una propuesta del equipo de trabajo al que he pertenecido durante el curso 2009-2010 y en la que no voy a entrar aquí: un cuaderno de programación que sea la interfaz de los materiales con las circunstancias del profesorado (nivel de formación pedagógica y tic, estilo docente...).

Esbozo de escenario

A cada centro educativo andaluz se le asignará una cantidad de dinero bajo el concepto de gratuidad de materiales curriculares, según el número de alumnos y alumnas matriculados, variable en función de las características sociológicas del centro y de la diversidad del alumnado, supongamos 100€ por persona. Ese dinero se invertirá en los materiales homologados (o propuestos a homologación) que decida el centro, y se incorporarán a la bibliotecas de aula y de centro, laboratorios, talleres, y al repositorio de contenidos del centro. Desaparece el libro de texto único para toda la clase. No todos el alumnado deberá adquirir los mismos materiales: podrán comprarse por ejemplo cinco o diez ejemplares del libro de texto en formato papel de la editorial A, cinco del libro digital de la editorial B, acceso a la descarga de otros veinte recursos desagregados del proveedor C, materiales de consulta, lecturas graduadas y materiales de elaboración propia. Todo el alumnado y el profesorado del curso podrá utilizar todos los recursos. Este sí sería un experimento interesante.

Sunday, July 4 2010

Un análisis de la normativa sobre libros de texto en Andalucía

El de los libros de texto digitales es un tema candente. Lo que no conozco (perdón si existen) son análisis públicos de la normativa al respecto, andaluza o no, y menos desde la defensa de los recursos libres. La publicación de las Instrucciones de 7 de junio de 2010 de la Dirección General de Participación e Innovación Educativa sobre el Programa de Gratuidad de los libros de texto para el curso 2010/2011 hace este análisis más urgente que nunca, porque en ellas se dice que

Hasta tanto se modifique la normativa que regula el registro, la supervisión y la selección de libros de texto, podrá iniciarse de forma experimental en un número determinado de centros, seleccionados por la Administración Educativa, la utilización de libros de texto en soporte digital en los cursos de 5º y 6º de educación primaria y 1º de educación secundaria obligatoria.

Comencemos por un repaso cronológico por la normativa andaluza relacionada con libros de texto y materiales curriculares. En una segunda parte intentaremos hacer propuestas originales.

Registro

Existe un Registro de libros de texto y materiales complementarios, regulado por el Decreto 51/2000, de 7 de febrero de 2000 (BOJA del 12 de febrero), por el que se regula el registro, la supervisión y la selección de los libros de texto. Su artículo 2 incluye dos definiciones:

1. (...) se entiende por materiales curriculares, con carácter general, aquellos materiales de uso por el profesorado o el alumnado en el desarrollo de la enseñanza.
2. (...) se entiende por libro de texto el material impreso, no fungible y autosuficiente, destinado a ser utilizado por el alumnado y que desarrolla, atendiendo a las orientaciones metodológicas y criterios de evaluación correspondientes, los contenidos establecidos por la normativa educativa vigente para el área o materia y el ciclo o curso de que en cada caso se trate. También se consideran parte integrante del libro de texto aquellos materiales complementarios asociados al mismo, independientemente de su formato de edición.

Interpreto que el «libro de texto» es un caso de material curricular. Nunca he comprendido qué significa ahí «autosuficiente» (¿permitirá prescindir del profesorado?, ¿tiene más de 100 páginas? ¿se vende por separado?). Los «materiales complementarios asociados» entiendo que son primeramente cuadernillos y cosas por el estilo, pero también los primeros ejemplos de materiales digitales (estamos hablando del año 2000): la programación y materiales para el profesor en un diskette, CDs para la clase de idiomas, etc. Lo importante es que van unidos comercialmente al libro de texto.

El artículo 3, referente a los Contenidos, recoge los criterios para que un material curricular pueda recogerse en el Registro:

Todos los materiales curriculares que se pongan a disposición del alumnado reflejarán en sus textos e imágenes en consonancia con el artículo 14 de la Constitución española, los principios de igualdad de derechos entre los sexos, rechazo de todo tipo de discriminación, respeto a las diversas culturas, fomento de los hábitos de comportamiento democrático y atención a los valores éticos y morales.
Los libros de texto y materiales complementarios deberán ajustarse a las disposiciones vigentes que regulan las correspondientes enseñanzas para Andalucía.
Tanto los libros de texto como cualquier otro material complementario deberán respetar los principios educativos recogidos en (...) la Ley Orgánica 1/1990, de 3 de octubre, de Ordenación General del Sistema Educativo.

Es evidente que este Decreto va dirigido a las editoriales. Ejemplos: «Antes de proceder a su distribución, las editoriales depositarán en la Consejería de Educación y Ciencia un ejemplar de cada uno de los libros de texto y materiales complementarios(...)» (artículo 4); «Las editoriales deberán mantener y garantizar la disponibilidad de ejemplares para la venta de cada edición de cada uno de los libros de texto y materiales complementarios(...)». Aunque se comienza hablando de materiales curriculares en general, únicamente regula libros de texto y materiales curriculares complementarios vinculados a los libros de texto (percíbase el matiz).

En ningún momento se mencionan en este Decreto materiales de elaboración por parte del profesorado. Este silencio en sí no es negativo: es que el Decreto lo que hace es fijar normas para los materiales creados por las editoriales. Además sólo se contemplan libros de texto en formato papel. La novedad de las Instrucciones de 7 de junio de 2010 es que se señala la exigencia de una nueva redacción del Decreto, que lo adecúe a la realidad digital de 2010. Pero no resuelve nada: «hasta que se modifique la normativa que regula el registro». Qué gran oportunidad.

Gratuidad

El tema de las ayudas para la adquisición de libros de texto y los cheques-libros proceden del Decreto 137/2002, de 30 de abril de 2002 (BOJA del 4 mayo), de apoyo a las familias andaluzas, artículo 19. El Decreto 66/2005, de 8 de marzo de 2005 (BOJA del 14 de marzo), de ampliación y adaptación de medidas de apoyo a las familias andaluzas, hace algunas modificaciones importantes, introduciendo la gratuidad.

Se modifica el artículo 19 del Decreto 137/2002, de 30 de abril, que queda con la siguiente redacción:

Artículo 19. Gratuidad de los libros de texto.

1. El alumnado que curse la enseñanza obligatoria en los centros docentes sostenidos con fondos públicos dispondrá gratuitamente de los correspondientes libros de texto.

2. Los libros de texto serán propiedad de la Administración Educativa

Está claro que se está pensando en libros de texto en papel (aunque puedan ir acompañados por «materiales complementarios asociados»), y que la propiedad se refiere al objeto físico, no a los contenidos (volveremos sobre estos cambios de sentido).

Un Decreto lo desarrolla una Orden. La Orden de 27 de abril de 2005 (BOJA del 13 de mayo) definía «libro de texto» sólo en tanto objeto de ser integrado en el programa de gratuidad. La definición era la siguiente (artículo 1):

Se entiende por libro de texto el material impreso, no fungible y autosuficiente, destinado a ser utilizado por el alumnado y que desarrolla, atendiendo a las orientaciones metodológicas y criterios de evaluación correspondientes, los contenidos establecidos por la normativa educativa vigente para el área o materia y el ciclo o curso de que en cada caso se trate.

Es decir, exactamente la misma definición que en el Decreto 51/2000. En esa fecha se sigue pensando en un objeto de papel, el libro clásico, y se intentan definir los requisitos que debe cumplir para que, «en el caso de que —los centros docentes— consideren necesario para su alumnado la utilización de ese material curricular (artículo 6), esté justificada la inversión de la Administración en él. Subrayemos esta circunstancia: el libro de texto es un caso, no el único ni obligatorio, de material curricular utilizable. Y la preocupación de la Orden es regular una inversión, no el análisis de los materiales curriculares.

Estas matizaciones son importantes porque en la Disposición Adicional Cuarta, Elección de materiales de uso común, introduce la siguiente definición

(...) se entiende por materiales curriculares de uso común aquellos materiales, en cualquier medio o soporte, de uso compartido por el alumnado y, en su caso, por el profesorado. Dichos materiales deberán perseguir la consecución de los objetivos pedagógicos previstos en el proyecto educativo, el proyecto curricular y la programación de ciclo o aula.

Estos «materiales curriculares de uso común» deberán cumplir las mismas reglas y tendrán el mismo reconocimiento a efectos del programa de gratuidad que los llamados «libros de texto». Pero es que además hay una Disposición Adicional Quinta, que reconoce la Elección de materiales curriculares de elaboración propia. Si implican inversión, deberán acogerse a la normativa de la Orden.

¿Qué se entiende por «uso común»? Al parecer se está pensando en objetos del tipo de mapas, diccionarios... y también programas de software (una enciclopedia, un CD con un juego de Pipo...). En la mentalidad de la época todo circunscrito al centro. Este enfoque es insostenible hoy día. ¿Cómo circunscribir internet a un centro? Creo que lo de «materiales de uso común» es un término de la era analógica. Se pensaba en el clásico mapa del mundo, en unas diapositivas o en un esqueleto de plástico. Ya un CD podría entrar con dificultad, porque está la cuestión sistemáticamente ignorada de las licencias para más de un usuario (¡ah, los derechos de autor!). Pero desde la Escuela 2.0 hay que redefinir el concepto: no es el objeto físico lo que nos interesa ahora, sino el contenido: un diccionario puede estar en papel, pero también en un DVD o en un fichero en el servidor de contenidos del centro o en otro ordenador remoto del que nunca se sabrá la localización. Los materiales de uso común se definían por su oposición a los de uso individual: cada cual tenía que tener su copia de su libro de texto, de su cuaderno de ejercicios, etc., pero se compartía el mapamundi. Hoy esta oposición no es relevante. Es definitivamente obsoleta.


Homologación

Hay otra Orden que no nos puede pasar desapercibida, de hecho tiene más importancia para nuestro análisis que la de gratuidad: la Orden de 2 de septiembre de 2005 (BOJA del 3 de octubre), por la que se establecen los criterios y normas sobre homologación de materiales curriculares para uso en los Centros docentes de Andalucía. Empieza así de bien:

Artículo 1. Materiales curriculares.

1. La elaboración de materiales curriculares constituye una de las tareas básicas que desarrolla el profesorado y otros profesionales de la enseñanza como complemento y concreción última del proyecto curricular elaborado por los centros de acuerdo con la autonomía pedagógica de los mismos.

2. Dichos materiales, a los efectos de lo establecido en la presente Orden, serán los elaborados por los equipos de profesores y profesoras o por otros profesionales de la enseñanza, con soporte impreso, audiovisual o informático, cuya intención sea ayudar y orientar al profesorado en su labor docente, comprendiendo desde la realización de reflexiones sobre su práctica docente o la descripción de experimentaciones e innovaciones curriculares llevadas a cabo, hasta las orientaciones y ejemplificaciones para la elaboración de unidades didácticas concretas por parte del profesorado.

Buena definición, que incluye soportes que van más allá del papel. ¿Estos «materiales curriculares» son los «materiales curriculares de elaboración propia» de la Orden de 27 de abril de 2005? Yo entiendo que sí, salvo que ahora, en lugar de regular cómo podrían incluirse bajo el paraguas de la gratuidad, van a ser homologados. Voy a rubrayar otra expresión, la de «equipos de profesores y profesoras o por otros profesionales», apunte de que los materiales podrían crearse en red. O por profesionales de la creación de recursos educativos.

He leído la Orden varias veces. Tiene el espíritu «de continuar apoyando la elaboración y difusión de materiales curriculares que ofrezcan perspectivas atractivas e innovadoras adaptadas a contextos concretos y, por tanto, muy útiles para el profesorado en el desarrollo de su práctica profesional», vale, y explicita que «La homologación por parte de la Consejería de Educación supondrá el reconocimiento de su adecuación [de los materiales curriculares elaborados y/o editados por el profesorado y otros profesionales de la enseñanza] a lo establecido en los Decretos de Enseñanzas para Andalucía y a la normativa que los desarrolla, de su calidad y coherencia técnica, así como de su capacidad para orientar el trabajo de equipos docentes y otros profesionales de la enseñanza, en las tareas de elaboración y desarrollo curricular». En ningún lugar señala que los materiales curriculares utilizados en el aula andaluza deban ser, o los del registro, u homologados. La homologación constituye un reconocimiento, y se recompensa con puntos para el traslado. Pero no se sacan las conclusiones pertinentes: ¿por qué los recursos premiados por la Administración o los materiales recopilados por los CEPs, tras un proceso de selección que implica un examen de su idoneidad, no son homologados automáticamente?

¿Y cómo se reaprovechan estos materiales curriculares homologados? Nos interesa el artículo 10:

Artículo 10. Publicación.

1. Los materiales curriculares homologados podrán ser publicados por la Consejería de Educación en las condiciones que a tal fin se establezcan, de acuerdo con las personas o entidades propietarias de los materiales. [el subrayado es mío]

2. La Consejería de Educación publicará de manera periódica un catálogo de los materiales que hayan sido homologados en virtud de la presente Orden.

Aquí es donde la Orden falla estrepitosamente: ¡Cómo que «podrán ser publicados»? Se pierde una gran oportunidad de poner condiciones y de que las administración pública fije los términos de la publicación (señalar licencias aceptables, condiciones de uso, compartir lo creado en cada centro-isla, recopilación de materiales valiosos...).

El catálogo mencionado no es público o al menos, no ha sido difundido públicamente. Ejemplo de homologación: Resolución de 16 de abril de 2009, de la Dirección General de Ordenación y Evaluación Educativa, por la que se homologan materiales curriculares para su uso en los Centros docentes de Andalucía (BOJA núm. 89 de 12 de mayo de 2009). Un listado de recursos, que yo al menos soy incapaz de localizar y descargar. Aquí hay que actuar urgentemente.

La Séptima Instrucción de 7 de junio de 2010 trae algunas novedades respecto a esta publicación.

Instrucciones

Hagamos una lectura comparativa de las Instrucciones del 5 de junio de 2009 para  2009/2010 y las Instrucciones de 7 de junio de 2010 para 2010/2011 sobre gratuidad de libros de texto. Sólo como abreviatura en el título tienen que ver únicamente con los libros de texto (y por lo tanto o es torpemente desafortunado o es interesado): hemos visto ya que la legislación andaluza habla de tres clases de tipos de materiales curriculares — libros de texto, materiales de uso común y materiales curriculares de elaboración propia.

El preámbulo de las Instrucciones para el curso 2009-2010 expandía la definición de libro de texto con un párrafo de gran calidad pedagógica y de gran significancia. Este párrafo ha sido modificado en las de 2010-2011, en la tabla siguiente podemos comparar las dos redacciones (en negrita, las diferencias):

La incorporación de las nuevas tecnologías en el ámbito de la educación, y más concretamente su introducción en el aula, conllevará la utilización de libros de texto en plataformas virtuales de acceso o en soportes digitales, que tendrán cabida en este Programa de Gratuidad en la medida en que cumplan los requisitos para su inscripción en el Registro de Libros de Texto y Material Complementario Asociado de esta Consejería de Educación y de acuerdo con lo que a tales efectos se regule. El profesorado podrá optar por la utilización de otros materiales alternativos al libro de texto para el aprendizaje de sus alumnos y alumnas. El Programa de Gratuidad de Libros de Texto está abierto a una organización del aula que integre todos los modos de enseñar y, sobre todo, aquellos que favorezcan que sea el propio alumnado el que construya su conocimiento, bajo las orientaciones emanadas del profesorado.


La incorporación de las nuevas tecnologías en el ámbito de la educación, y más concretamente su introducción en el aula a partir del proyecto Escuela TIC 2.0, conllevará la utilización de libros de texto en plataformas virtuales de acceso o en soportes digitales. Hasta tanto se modifique la normativa que regula el registro, la supervisión y la selección de libros de texto, podrá iniciarse de forma experimental en un número determinado de centros, seleccionados por la Administración Educativa, la utilización de libros de texto en soporte digital en los cursos de 5º y 6º de educación primaria y 1º de educación secundaria obligatoria.

El Programa de Gratuidad de Libros de Texto está abierto a una organización del aula que integre todos los modos de enseñar y, sobre todo, aquellos que favorezcan que sea el propio alumnado el que construya su conocimiento, bajo las orientaciones emanadas del profesorado.

¿Qué ha pasado? En las dos redacciones el «libro de texto» queda liberado del formato papel: puede tener un formato digital, y puede estar alojado en una plataforma a la que se acceda por internet. Un «libro de texto», en el nuevo sentido, es algo que ponen las editoriales a disposición del profesorado y del alumnado, y que es o será objeto de entrada en el Registro de libros de texto y material complementario asociado. La situación de provisionalidad la recoge mejor la redacción de 2010-2011, y ya se ha llegado explícitamente al concepto de «libro de texto digital». Pero... ¿y la alternativa? A la categoría de materiales proporcionados por las editoriales se oponía la de «material alternativo»; sólo su mención daba sentido a la oración final, a la mención de «que sea el propio alumnado el que construya su conocimiento», que queda ahora como un brindis al sol. ¿Por qué se ha caído?

En la Instrucción Quinta de ambos años vuelve a aparecer el concepto  de «material curricular de uso común» de la Orden de 27 de abril de 2005:

En aquellos centros en que se haya optado por material curricular de uso común, éste será adquirido también por el propio centro.

Nada más, aunque haría falta, ahora que en el preámbulo se ha traspasado el umbral de lo digital. Sólo se trata del «material de uso común» en el sentido que le interesa al programa de gratuidad.

Nos interesa especialmente la Instrucción Séptima, que retoma el lenguaje de la Orden de 2 de septiembre de 2005. La elaboración de materiales curriculares es una tarea del profesorado. Y repite casi literalmente la definición: «se consideran materiales curriculares de elaboración propia los diseñados por los equipos de profesores y profesoras o por otros profesionales de la enseñanza, en soporte impreso, audiovisual o digital ["informático" se decía en 2009], para el desarrollo en clase de unidades didácticas concretas dirigidas al alumnado(...)». Termina remitiendo a una tabla de valoración económica de los materiales de cara al programa de gratuidad.

Pero el diablo está en los detalles. Leamos con cuidado

Los centros que opten por utilizar materiales curriculares de elaboración propia,
a los que se refiere la Disposición Adicional Quinta de la Orden de 27 de abril de 2005, lo indicarán en la aplicación informática SÉNECA en la selección de libros de texto. Igualmente deberán presentar su proyecto de trabajo y solicitar la autorización de acuerdo con lo dispuesto en la Orden de 2 de septiembre de 2005, por la que se establecen los criterios y normas sobre homologación de materiales curriculares para uso en los Centros docentes de Andalucía.

¡¡Los materiales de elaboración propia deberán estar homologados para que entren dentro del programa de gratuidad!! ¿Dónde constaba esta obligación de homologación en la Orden de 27 de abril de 2005?

Y ahora la gran novedad de las Instrucciones de 7 de junio de 2010:

En el caso de que estos materiales se desarrollen en soportes digitales, se utilizarán los repositorios que la Consejería de Educación pone a disposición de la Comunidad educativa permitiendo su uso y adaptación de forma que puedan ser accesibles en plataformas virtuales y difundidos por Internet para ser utilizado[s] por otro alumnado en años académicos sucesivos.

¡Bien! Supongo que esto debe pasar del nivel de Instrucción a Orden, pero introduce un mínimo de racionalidad para permitir la reutilización y adaptación de los materiales. Distribución, reutilización, obra derivada... suena bien, ¿eh?

La Instrucción sigue hablando de que «los materiales curriculares de elaboración propia adquiridos a través del Programa de Gratuidad con una duración de cuatro cursos escolares serán propiedad de la Administración Educativa». No sé si se percibe o si es intencionada la ambigüedad de la expresión. La propiedad de un libro en papel se refiere a la propiedad del objeto, no de los contenidos; ¿qué es la propiedad de un documento educativo en formato digital? ¿el uso de los derechos sobre el documento salvo el de autoría? ¿la reutilización, copia, transformación? Sólo el párrafo nuevo anterior, la promesa de unos repositorios abiertos, le da sentido a esta «propiedad».


Derechos de autor y de explotación

¿Por qué este apartado en un análisis sobre libros de texto y materiales curriculares? Por dos razones:  porque esta legislación subyace como marco a toda iniciativa que se establezca con respecto a la creación, propiedad y uso de los materiales educativos. Y porque en ningún momento mi propuesta irá en contra de los derechos de autoría, ni de los derechos de explotación libremente cedidos.

Cualquier persona que se interese por cualesquiera de los temas del software o del conocimiento libres, de la creación de contenidos educativos o de la autoría profesional en una editorial o empresa de creación de contenidos, y quiera opinar con algún fundamento, tiene la obligación de sumergirse en la lectura de nuestra la Ley de Propiedad Intelectual, Real Decreto 1/1996, de 12 de abril (BOE núm. 97, de 22 de abril). Estoy de acuerdo con Stallman en que la terminología utilizada no es inocente, y en que de lo que se habla en este caso es de los derechos de autor (y de autora).

Supongamos que hemos hecho los deberes. Sólo vamos a refrescar un punto: si existe la famosa excepción educativa sobre las limitaciones que impone la Ley de Propiedad Intelectual, como quieren creer muchos docentes para despreocuparse de estos temas. La descarta el artículo 32 del Real Decreto (en la versión modificada por la ley 23/2006, de 7 de julio, BOE núm. 162, de 8 de julio):

Artículo 32. Cita e ilustración de la enseñanza.

1. Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada.

Las recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revista de prensa tendrán la consideración de citas. No obstante, cuando se realicen recopilaciones de artículos periodísticos que consistan básicamente en su mera reproducción y dicha actividad se realice con fines comerciales, el autor que no se haya opuesto expresamente tendrá derecho a percibir una remuneración equitativa. En caso de oposición expresa del autor, dicha actividad no se entenderá amparada por este límite.

2. No necesitará autorización del autor el profesorado de la educación reglada para realizar actos de reproducción, distribución y comunicación pública de pequeños fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, excluidos los libros de texto y los manuales universitarios, cuando tales actos se hagan únicamente para la ilustración de sus actividades educativas en las aulas, en la medida justificada por la finalidad no comercial perseguida, siempre que se trate de obras ya divulgadas y, salvo en los casos en que resulte imposible, se incluyan el nombre del autor y la fuente.

No se entenderán comprendidas en el párrafo anterior la reproducción, distribución y comunicación pública de compilaciones o agrupaciones de fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo.

¡Excluidos los libros de texto! ¡para la ilustración! ¡finalidad no comercial! Es tan mínima la excepción, tan limitada en sus derechos, que no merece nuestro tiempo. El material con copyright que no ceda ninguno de los derechos derivados no puede utilizarse. Punto y final.


Conclusiones primeras

Recapitulemos. Hay un «Registro de libros y materiales curriculares complementarios asociados», creado para las editoriales. Hay unas condiciones para que los materiales curriculares alternativos entren en el programa de gratuidad: tienen que estar homologados. Hay unos criterios de validez de los recursos (valores de no discriminación, adecuación a los programas...). Pero el de la gratuidad es una gran arma en manos de una administración que quisiera fomentar la creación colaborativa de recursos educativos: es la única forma de fijar criterios que cumplir (con su dinero privado las personas pueden hacer lo que quieran; pero el dinero público no es libre, hay que empleando siguiendo condiciones sociales). Nos interesa profundizar en los conceptos de propiedad, de uso común, de equipos y de homologación.

Será en la segunda parte de esta serie.

Índice de referencias jurídicas

  • Decreto 51/2000, de 7 de febrero (BOJA nº 18, de 12 de febrero), por el que se regula el registro, la supervisión y la selección de libros de texto (Registro de libros de texto, validez de un material curricular)
  • Decreto 137/2002, de 30 de abril de 2002 (BOJA del 4 mayo), de apoyo a las familias andaluzas
  • Decreto 66/2005, de 8 de marzo (BOJA nº 51, de 14 de marzo), de ampliación y adaptación de medidas de apoyo a las familias andaluzas (Aparece la Gratuidad)
  • Orden de 27 de abril de 2005, por la que se regula el programa de gratuidad de los libros de texto (Condiciones gratuidad: libros de texto, materiales de uso común, materiales curriculares de elaboración propia. BOJA nº 92, de 13 de mayo. Dos artículos, modificados por la Orden de 2 de noviembre de 2006)
  • Orden de 2 de septiembre de 2005, por la que se establecen los criterios y normas sobre homologación de materiales curriculares para uso en los Centros docentes de Andalucía (BOJA nº 193, de 3 de octubre) 
  • Orden de 2 de noviembre de 2006, que modifica la de 27 de abril de 2005, por la que se regula el Programa de Gratuidad de los Libros de Texto (BOJA nº 236, de 20 de diciembre. Modifica detalles de dos artículos)
  • Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas (BOE nº 150, de 23 de junio. Citada en las Instrucciones de 7 de junio 2010, regula comercio libros de texto)
  • Instrucciones del 5 de junio de 2009 (Curso 2009-2010. Aclara gratuidad)
  • Resolución de 12 de febrero de 2010 (BOJA nº 47, de 10 de marzo), de la Dirección General de Ordenación y Evaluación Educativa, por la que se homologan materiales curriculares para su uso en los Centros docentes de Andalucía (un ejemplo de cómo se resuelve la homologación de materiales)
  • Instrucciones de 7 de junio de 2010 de la Dirección General de Participación e Innovación Educativa sobre el Programa de Gratuidad de los libros de texto para el curso 2010/2011 (libros de texto digitales como experimento)

Dedicado a Ana

Monday, July 6 2009

Una de balances. En la web 2.0

(Escrito bajo la luna irrecuperable de julio del 2009) Los amigos insistían. El 31 de enero me hice la cuenta en Facebook. Del 11 de febrero es mi acceso a twitter. Llevo exactamente 501 tuiteos, es hora de hacer balance. Y de paso disparar contra  lo que se menee, que va siendo hora. Es la primera de una serie de reflexiones debidas, sólo posibles ahora que hemos recuperado algo el uso del tiempo.

Recuerdo mi primer contacto con un PC. Pasé casi todo un verano intentando instalar sin éxito el compilador de Pascal de Borland. No tenía a quién preguntar. Sería 1989. Pero a pesar de la frustración en lugar de rechazo la máquina me despertó fascinación (¿doctor, es grave?), una máquina que hacía lo que le pedías, no lo que creías que habías pedido. Como las cámaras de fotos, que sacan lo que hay delante, no lo que quieres ver. Una máquina que te obligaba a ser preciso. Usé el ordenador como una máquina de escribir gloriosa durante años, con memoria, tipos de letra y previsualizaciones; guardaba y recuperaba mis datos de películas, y utilizaba la programación como un ejercicio de precisar y ordenar pensamientos. Soy usuario de herramientas digitales de comunicación desde ¿1996?; En 1996 llegó el Aleph de Borges: Infovía nos trajo internet a casa, y con internet la Biblioteca del Congreso y las letras de Dylan y los artículos de Papert... para mí internet ha sido una herramienta de búsqueda de información pero también, supongo que inmediatamente, se convirtió en un vehículo de comunicación con personas. No llegué a los BBS ni fui usuario de foros de noticias, pero he usado el correo electrónico sistemáticamente durante años.

En el 97 llegué a GNU Linux. Primero por curiosidad. Segundo porque el sistema operativo me fascinó como campo de estudio, harto de perderme en las oscuridades del registro. Tercero por la generosidad de las personas que participaban en su desarrollo. Al poco sentí que debía devolver algo a cambio de todo lo que estaba recibiendo, y me ofrecí (por correo) para traducir al castellano un programa: yudit, del húngaro Sinai Gáspár. Así comenzó mi participación en los grupos de traducción. Después he usado y uso listas de distribución, foros, gestores de contenidos, plataformas educativas. Todas herramientas de información y de comunicación. Publico en internet desde por lo menos 2004. He participado en proyectos, he coordinado alguno. Uso moodle en clase. Llevo, mal que bien, dos bitácoras.

¿A qué viene todo este preámbulo? A que sostengo ni en su origen ni en el momento de su llegada al gran público internet han sido esa Web 1.0 que cuentan de forma tan dualista los cantores de la Web 2.0. Pensamos en términos de antes y después, de malo y bueno, como en los anuncios. ¿Por qué dejamos que los creativos de publicidad y los consultores de marketing decidan nuestra visión de las cosas? Entre el blanco y el negro están los millones de grises. Ni la web es internet ni nació para hacer negocio. Primero, la worldwide web, lo que corre bajo el protocolo http(s), llegó cuando las noticias, el correo, el intercambio de ficheros y la publicación de documentos ya estaban maduros. GNU Linux es un ejemplo de proyecto nacido en y gracias a internet. ¿Es un proyecto 1.0? ¡Anda ya! Segundo, tanto internet como la web nacieron para la comunicación entre iguales. Tercero, claro que ha podido haber una experiencia vertical y pasiva de uso de la web, cuando para participar había que saber inglés y saber qué había por debajo de la página que se mostraba en la pantalla. Claro que la internet participativa era minoritaria. Pero tenía una característica: las herramientas se creaban para satisfacer necesidades. El wiki es una consecuencia lógica de la internet originaria, creada para el enriquecimiento de los documentos. Y la bitácora es un buen invento, con su facilidad de creación y el debate integrado en los comentarios.

Y llegó la idea de sacar dinero de internet. Se ofrece un servicio, que se llena con los contenidos que proporcionan los usuarios. Como telas de araña, buscan sus moscas. Crean redes, proporcionan herramientas a la espera de que alguien las necesite. Fabrican necesidad. ¿No veis el sutil cambio de metáfora, de la red que une a personas a la telaraña que las espera? Google indexa nuestras páginas; facebook o tuenti se llenan de nuestros contactos, nuestras fotos, nuestros mensajes en el muro. En blogger, googledocs o wordpress escribimos. Proporcionan algo que no existía, esencialmente facilidad. A mí este énfasis en la facilidad me parece irresponsable, me recuerda demasiado al que inventen ellos. Pero entiendo que ha servido para llegar a todos y todas. Si como dicen la Web 2.0 es una actitud, internet siempre fue 2.0. Lo nuevo es la generalización, la facilidad, la inmediatez de la participación. A cambio les entregamos nuestros datos. Pasan de nuestros ordenadores a sus servidores. De nuestro control a... ¿a?

Tengo 120 amigos en Facebook. Entro ahora cada dos o tres días, pongo algunos mensajes en los muros, poco más. Lo conecté con twitter, mi delicious y mis dos bitácoras, eso es lo que le alimenta. No me sorprende nada: ya estuve en la fiebre y defunción de Orkut de ¿2006? (¿te acuerdas, Ana?) y la mayoría de las actividades y derivados me parecen entretenimientos para adolescentes. Los grupos me parecen inútiles (¿habéis oído el dicho, eres más inútil que un grupo de facebook?). Me niego a poner fotos privadas, a dar detalles no-profesionales. No me gusta la idea del lifestreaming, ni la licencia. Y sobre todo me parece inaceptable no poder guardar o reutilizar mi foaf de contactos.

No he sido de chats, im o irc, siempre me han estresado. Me ha parece que la sincronía es un defecto y no una ventaja: necesito tiempo para pensar una respuesta o para tener ganas de escribir. En OFSET hemos usado nuestro canal para reuniones puntuales, como la asamblea general, y ahí la sincronía tiene sentido. Sven Guckes ha intentado convencernos de las ventajas técnicas del irc (sesiones remotas permanentes, robots, registro automático...), sin éxito. Por todo eso me resistía a usar ese irc para usuarios web 2.0 que es twitter: ¿un chat de una sola sala, con un log dudoso, con decenas, cientos o miles de usuarios? Nein, danke.

Sigo a 140 personas, que escriben en castellano, catalán, gallego, francés, inglés. Tengo 128 seguidores, algunos humanos. Llevo 501 tuits. Procrastino, procrastino mucho, pero siempre lo había hecho. Tiene razón Juan José de Haro: twitter no es exactamente sincrónico, hay un lapso de tiempo entre que se escribe y llega el mensaje y uno puede tomarse su tiempo para responder. Hasta cierto punto. Cuando empecé quería seguir los hilos de la mañana o de la noche anterior. Pero el juego no es así: twitter es una barra de bar. Llegas, saludas a los amigos e intervienes en la conversación. Antes de tu llegada había una conversación y después habrá otra, qué importa. No escribes para google como en las listas de distribución abiertas; no busques lo que escribiste hace tres meses, es un entorno efímero.

Tampoco es libre. ¿Cómo recuperar tus datos? ¿Cómo guardar tu lista de contactos en un formato que puedas volver a utilizar en la siguiente aplicación social? Hay alternativas de microblogging basadas en software libre. Puedes instalar laconi.ca en un servidor propio. Puedes utilizar la red identi.ca, que sí permite exportar el foaf. Pero twitter es el espacio donde está la comunidad educativa.

No usaría el twitter salvo por una razón: es la única forma de saber qué hacen Aníbal de la Torre, Jordi Adell o Dolores Reig. No escucharía los comentarios siempre afilados de Potâchov, ni los desahogos brillantes de Nololamento. Sencillamente: estaría desconectado del discurso diario de una parte de la comunidad que habla de tic y educación y esa parte, nacional e internacional, me interesa. No está todo el mundo y hay otros espacios que seguir (las bitácoras y foros, las NING) —de hecho estar al día debería ser una profesión con dedicación completa para la que me ofrezco como candidato— pero hay que estar.

A ver si concreto y avanamos hacia las conclusiones: tengo 2971 enlaces en mi Delicious personal, de los cuales unos 1000 compartidos. Delicious responde a una necesidad, chapeau. Pero estoy en cerca de una docena de redes que compiten entre sí por el mismo tipo de usuario; redes que son el reflejo del voluntarismo de su creador, o que reinventan la rueda.

En segundo lugar, la web 2.0 tiene un claro déficil de cara a los usuarios. Un déficit democrático. No soy ingenuo como para creer en esa internet autogestionada y libertaria en la que creen algunos compañeros activistas del software libre. Las grandes empresas del software social están aquí para quedarse y ofrecen algo que nadie puede ofrecer. Los gobiernos lo harían peor. Nosotros simplemente nunca podremos. Pero, como en la economía real, el mercado debe ser regulado o desaparece en manos de los monopolios. Sinceramente creo que hacemos un uso adolescente de internet. Admitimos los programas de fuente cerrada cuando eso significa que no sabemos lo que hacen realmente. Compartimos datos sin saber si estamos renunciando a nuestros derechos sobre ellos. No importa, ya se arreglará, ya cambiaré de sitio cuando tenga problemas, ¿no son actitudes adolescentes?

Debemos exigir a los gobiernos que legislen para proteger los derechos de los ciudadanos también en lo que tiene que ver con la identidad digital. Un gobierno o defiende a los lobbies de poder o defiende a los usuarios. Y las cosas no se están haciendo bien. Hemos puesto a los lobos a cuidar de las ovejas. Quiero mis datos del Facebook y del twitter en un zip, como saco los cursos de moodle cuando quiero, como exporto los contactos de identi.ca. Quiero que al usar la API de google o yahoo! en un mashup tenga la garantía de que las condiciones de uso no van a cambiar cuando le interese a la empresa, cuando mis datos y mis programas estén cautivos. No es pedir tanto, es pedir lo justo.

Monday, March 3 2008

Problemas con el copyright

Intentando continuar la entrada anterior, sobre qué clase de herramienta son las TIC, me encuentro con unas imágenes que deseo utilizar pero que tienen copyright expreso. ¿Qué haríais?

[3 de marzo de 2008]
Se trata de dos imágenes que me parecen mucho más clarificadoras que párrafos y párrafos de descripciones. Están en http://www.discoverychannel.com.au/ancient_greece/education/index.shtml y en http://www.museum.upenn.edu/Greek_World/pottery_big-47.html . En ninguno de los dos casos está claro cómo contactar con los propietarios de los derechos de las imágenes, y acabo de escribirles a los responsables de los dos sitios web pidiéndoles permiso para utilizar las fotos en una entrada personal, no comercial y sin ánimo de lucro, y rogándoles que si no son los propietarios por favor me informen de cómo puedo contactar con ellos. Es martes 3 de marzo, veremos si recibo respuesta y cuándo.

Preguntas: ¿he hecho lo correcto? ¿qué habríais hecho vosotros? Segunda: ¿beneficia esta política a ambos museos? ¿no recibirían más publicidad positiva si yo utilizara las imágenes con un pie en el que agradeciera el permiso de utilizarlas? ¿son menos dueños de la imagen y de los originales porque yo los reproduzca? ¿qué tiempo de vida le queda a esta mentalidad?

[5 de marzo de 2008]
Por lo pronto ya he logrado sustituir la segunda imagen, la del muchacho que escribe en una tablilla, por http://en.wikipedia.org/wiki/Image:Scribe_tomb_relief_Flavia_Solva.jpg. No es lo mismo pero esta imagen es de dominio público. Doy públicamente las gracias a Hermann A.M. Mucke por compartir la foto. ¿Ha ganado algo el Museo de Pennsylvania con este cambio?

No he obtenido respuesta a ninguno de los dos correos.